Ayer me sentí el hombre más afortunado del mundo. Mientras yacíamos enroscados como dos serpientes haciendo el amor, nuestras almas se miraban a través de tus ojos y se fundían en un beso intangible pero ardiente. El beso es quizás la más íntima de las caricias, más aun que el coito, porque se une dos alientos, dos corazones, dos almas, cuando por primera vez nuestros labios comulgaron, supe que jamás podría desprenderme de tu abrazo.
Cronos detuvo su camino y se quedó mudo viendo nuestros lances, contemplando absorto dos cuerpos que se tejían el uno en el otro para formar un solo cuerpo, el cuerpo más hermoso y perfecto de la creación, un cuerpo completo formado por mujer y hombre unidos en su esencia por el cordón umbilical de un amor supremo.
Pero celoso de tu belleza al no poder poseerte, batió sus alas implacable y nos devolvió al destierro, el sueño acababa y había que regresar al mundo real...
Mi piel ha perdido su olor de siempre, desde ayer, todos mis poros rezuman tu aroma y esta noche me he despertado lamiendo mis manos que aun conservan el sabor de la tuyas.
Mientras mi lengua libaba tu magnolia hasta hacer estallar tu polen en el aire, me sentía Eros en brazos de Afrodita. He tenido sueños muy hermosos, pero ninguno tan bello como el que soñé ayer con los ojos abiertos.
Sabía que te amaba, pero hasta ayer no podía sospechar cuanto...
Un sacerdote llamado Panchen, se impuso como penitencia, atesorar toda la sabiduría del mundo. Durante años estudió con los mejores maestros, meditó en los templos sagrados del Tíbet, debatió en los foros de los ancianos, y se rodeó de conocedores en todas las materias. Dedicó toda su vida a la lectura y al estudio y llegó un momento en que nadie podía enseñarle nada, la filosofía, la astrología, la literatura, eran para el libros cerrados ya nada le quedaba por aprender, sin embargo en el fondo de su corazón estaba seguro de que algo le faltaba para adquirir la suma sabiduría.
Rogó a Brahma consejo y este le dijo así. “Toma el camino de Altan, casi llegando a la cima, encontrarás un asceta que vive en una cueva excavada en la roca, convive con él cuarenta días y cuarenta noches y el te enseñará lo único que te falta por aprender”
Panchen tomo su callado, y se dirigió hacia donde Brahma le había indicado. Pasaron los cuarenta días, y sus discípulos le esperaban impacientes. Al cabo le vieron aparecer, estaba demacrado, casi desnudo, los pies descalzos y el cuerpo cubierto de llagas, pero su mirada brillaba como nunca antes lo había lo había hecho.
-Maestro le abordaron- ¿Aprendiste aquello que aún ignorabas?
-Si contestó, durante estos años en que creía saberlo todo, era como un pobre ciego. Estaba tan seguro de mí y de mis conocimientos que no era capaz de aprender por mí mismo, me convertí en un ser soberbio que se regocijaba de su propia ignorancia-
-Maestro, preguntaron asombrados- ¿Qué le ha podido enseñar un hombre analfabeto que ha pasado en una cueva casi toda su vida-
-Me ha enseñado lo único que no había aprendido, me ha dado la llave para seguir aprendiendo por mí mismo, me ha enseñado a dudar-
Un aforismo nos recuerda que hay tres cosas que debemos hacer para lograr la trascendencia, plantar un árbol, escribir un libro, y tener un hijo. Es un sabio consejo, pues solo el amor garantizará nuestra existencia mas allá de la vida, y los tres actos, son actos de amor.
Sobrevivimos en el árbol centenario que plantamos de niño, en el libro que leyeron miles de persona y guardaron en su recuerdo, en el hijo en el que perpetuamos nuestros valores y recuerdos. El amor es el origen de la vida y también su forma más genuina de expresión.
Dicen que según envejecemos, nos parecemos cada vez más a nuestro padre, y en mi caso es una realidad, algunas veces me miro al espejo y parece que es él quien me observa desde el otro lado, otras veces, me escucho hablar y me parece que es él quien me habla.
Cuando desaparece una persona buena, nos deja su herencia de recuerdos, sus palabras y sobre todo su ejemplo, las malas hierbas se arrancan del sembrado de la vida pero guardamos el trigo dorado en los graneros de la memoria. La gota de una sonrisa, endulza todo un día de café amargo, si fuéramos conscientes del bien que hacemos y nos hacemos ayudando con una mirada cómplice, con una palabra amable a la gente que nos rodea, seriamos mejores, egoístamente mejores y la vida nos lo agradecería con la más luminosa de sus sonrisas.
Estudiaba los archivos sobre La Memoria Histórica el candidato por la colaición ecologista, cuando fue abordado por unos sacerdotes Neocom que hacía tiempo le tenían ganas.
Colega, preguntaron a viva voz. - ¿Debemos devolver los documentos que reclaman los catalanes, o mejor seguimos salvaguardándolos en nuestro museo? La pregunta era un dardo envenenado, si la respuesta era afirmativa, se ganaba la inquina de los nacionalistas Españoles, y si era negativa, serian los catalanes quienes se sentirían ofendidos. Tomando unos folios del archivo, preguntó. - ¿Que dice el texto que figura en la cabecera del documento? -Generalitat de Catalunya- Respondieron. Pues bien, devolved a Cataluña lo que es de Cataluña, y al pueblo, lo que es del pueblo.
Hoy meditaba sobre la complejidad de nuestro cerebro, la fragilidad del sistema emocional del que depende nuestra felicidad y nuestra salud. La sugestión es un arma poderosa que nos permite controlar situaciones difíciles falseando la importancia real de los datos que recibimos, y haciendo que la reacción de nuestro organismo no sea tan agresiva. Actuaria como unas gafas de sol, que sin impedirnos la visión, nos protege del deslumbramiento. Pero también es un arma de doble filo que debe manejarse con sumo cuidado. Cuando nos sugestionamos, consciente o inconscientemente, estamos provocando una percepción incorrecta de la realidad que puede desencadenar desequilibrios psíquicos y hasta enfermedades. Imaginemos a estas personas que debe mantener una identidad secreta, o que llevan una doble vida. Durante el tiempo en el que están actuando, todo su sistema nervioso y hasta su escala de valores está siendo alterado, si la situación se alarga en el tiempo, puede ocasionar reacciones esquizoides y generar problemas de personalidad. Un caso típico sería el de aquellos que a fuerza de fingir una enfermedad, acaban desarrollándola, o el de actores que a fuerza de encasillarse en un personaje, acabaron dominados por su propio rol, como le sucedió a Bella Lugosi con Drácula o a Weissmuller con Tarzan. El caso del Dr. Jekyll es mucho más corriente de lo que nos creemos, y todos llevamos un Mr Hide en el subconsciente, que puede despertar sin necesidad de pócima alguna. La coherencia y la sinceridad son los mejores antídotos contra ciertos desequilibrios emocionales, que acaban enfermando nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
La fibromialgia es una enfermedad cruel y traidora, ataca tus cimientos
mina tu energía, socaba tu autoestima.
Los familiares no te entienden, los amigos te abandonan, nadie que no ha convivido con una enferma de fibromialgia sabe el sufrimiento que conlleva, por eso quiero resumir en unas palabras, lo que supone coexistir a diario con este monstruo que te devora.
Te levantas dos horas antes de lo que lo harías en circunstancias normales, tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para poner los pies en el suelo, vencer los dolores que te atenazan y reunir las fuerzas para levantarte. Estás casi ciega, debes ponerte unas gotas en los ojos para recuperar poco a poco la visión.
Empiezas la sesión de masajes para desentumecer la musculatura y poder comenzar la tanda de ejercicios que te ayudarán a recuperar la movilidad. La sesión delante del espejo para recuperar un aspecto saludable, nadie quiere verte con cara de agotamiento, y menos en el trabajo. Te duele todo el cuerpo, y a veces debes agárrate a las paredes para no caer, pero el trabajo te espera.
Sales a la calle, con lluvia o frio, y debes sortear miles de obstáculos con una movilidad reducida, andamios, bicicletas, coches sobre la acera. Y llega lo peor, el viaje en el metro.
Bajas las escaleras peldaño a peldaño con miedo a ser arrastrada por la corriente de gente que se precipita al anden, una vez allí corres el riesgo de ser arrojada a las vías, pues tu capacidad de reacción y de movimiento están muy disminuidas. Una vez en el vagón, te ves sometida a una sesión de tortura, frenazos, empujones, torsiones que dejan tu cuerpo maltrecho y dolorido, pero hay que seguir adelante. Llegas al trabajo y eres el blanco de las mirada y los murmullos, incluso alguna “amiga “ te dice “Nena, no sé como viene a trabajar con esa cara”,
Pero claro, el médico de familia no te concede la baja aunque no puedas ni moverte, llevas cuarenta años cotizando y si dejas de trabajar has perdido toda tu vida laboral y tu derecho a una pensión digna, solo te queda hacer como “El Lute”, Camina o revientas.
Por todo esto queremos manifestarnos, para exigir un trato humano por parte del colectivo médico, para reclamar una legislación laboral que contemple reducciones de jornada u jubilaciones anticipadas en unas condiciones aceptables, para que se nos reconozcan minusvalías y podamos acceder a las ventajas que conllevan. Y sobre todo para reivindicar que nuestra enfermedad es real, que no son “cosas de mujeres”, ni “son los nervios” ni somos unos gandules, hacemos lo que podemos y a veces mucho más a costa de enormes sacrificios hasta que el cuerpo se bloquea y entonces ya no podemos hacer nada.
Durante años hemos sido despreciados por los médicos del insalud
ignorados por el ministerio de asuntos sociales,
y tratados como delincuentes por los funcionarios del ICAM.
El día 12 de Mayo día mundial de la fibromilagia nos manifestaremos para hacernos visibles, para que sepas que somos personas, que no somos ni vagos ni inútiles, para reclamar unos derechos que se nos niegan de forma sistemática. Te esperamos, no nos falle, no te falles.
No deja de asombrarme la capacidad que tenemos para eludir responsabilidades y cargar las culpas a terceros, sobre todos si son instituciones o gobiernos. Estamos sufriendo la peor crisis financiera desde la segunda guerra mundial que a su vez a provocado una crisis económica sin precedentes. Cuando hace ocho años, los analistas nos alertaban de la formación de una “Burbuja inmobiliaria”, nadie les hizo caso, las hipoteca bajaban, el valor de los pisos subía desmesuradamente y todos nos creíamos ricos. Hace seis años, algunos economistas, empezaron a recomendar que se suprimiera la desgravación en la declaración de renta por la adquisición de vivienda, pero sindicatos y ciudadanos se les echaron encima. En los últimos cuatro años ya eran legión los que recomendaban una subida de intereses y la restricción crediticia para las hipotecas dudosas, pero nadie tuvo el valor de afrontar unas medidas tan impopulares, el gobierno por la pérdida de votos, los bancos, por el beneficio rápido en comisiones, y la ciudadanía que se negaba a creer lo que se le venía encima. La burbuja estalló y entonces fue el llanto y crujir de dientes, los que hace unos meses se jactaban de haber conseguido un credito por el 120% del valor del piso tenían problemas para pagar los recibos, los que daban saltos de alegría cada vez que el precio de sus viviendas subía como la espuma, ahora se rasgaban las vestiduras porque no lograban vender sus últimas adqisiciones ni por la mitad. Mientras tanto, los bancos con las arcas vacías de dinero y llenas de ladrillos, cerraron el grifo de los créditos, las pequeñas empresas se quedaron sin financiación y empezó la bola de impagados. Luego vinieron los concursos de acreedores, los cierres y los despidos masivos. Autónomos, pequeños empresarios y trabajadores que en nada habían participado para formar la gigantesca burbuja, fueron los primeros damnificados, mientras el sistema financiero, el principal culpable del descalabro, recibía préstamos multimillonarios de los estados a bajísimo interés para evitar un crack como el del 29. Pero lo mejor de todo es que los responsable físicos de esta hecatombe, los presidentes y consejeros de los grandes bancos, no solo mantuvieron sus puestos y sus salarios astronómicos, si no que tuvieron la desfachatez de aumentarlos.
Todos somos culpable en mayor o menor grado de la crisis, los especuladores por buscar riquezas desorbitadas, los bancos por financiar hipotecas basura, el estado, por no frenar esa carrera hacia el desastre, y sindicatos y ciudadanos por oponerse a medidas inevitables para evitar el caos, pero ahora todos nos sacudimos las pulgas y se las echamos al gobierno, que la tiene y mucha, pero no asumir nuestra parte de responsabilidad supone que no hemos entendido nada, y que dentro de unos años volveremos a caer en las mismas, suponiendo que salgamos de esta.
Vivo en un mundo de mujeres, tengo dos hijas y dos nietas, mi mujer y una pléyade de amigas que me cuentan sus anhelos, esperanzas y frustraciones. Estoy empezando a escarbar en la corteza del espíritu femenino, un mundo abismalmente insondable para la mayoría de los hombres, que carecemos de la sensibilidad y la intuición para movernos en aguas tan profundas.
La mujeres sois fuertes, sensibles, intuitivas, constantes y abnegadas, pero hay algo que os pierde, y es la envidia. No hay nada más que observar quien es el peor enemigos de la mujer en el trabajo, otra mujer, parafraseando a Tito Marcio diríamos que “Femina lupa feminae”.
Las mujeres os desangráis en luchas intestinas, empleáis los codos las uñas y los dientes unas contra otras, mientras los hombres os pisotean y os dejan atrás en la carrera por los mejores puestos. Estoy harto de escuchar como la mayoría de las mujeres prefieren tener como jefe a un hombre antes que a una mujer.
El día que toméis conciencia de vuestra fuerza, el día que aparquéis vuestras mezquinas rencillas y hagáis un frente común contra la discriminación laboral y social, tendréis la batalla ganada, mientras tanto os estáis desgastando en escaramuzas fratricidas que solo os llevan a la frustración y a la marginación. Me es del todo incomprensible como una mujer capaz de los mayores sacrificios, de sembrar el mundo de amor y de ternura, sea a la vez capaz de las mayores crueldades con sus congéneres. Seguramente será porque todavía me queda mucho que aprender de vosotras.
Un padre legó a sus hijos sus tierras, eran unos campos fecundos y ricos, pero había que cultivarlos. Josuhe se puso a trabajar de inmediato, lo sembró de palabras amables, cariño, ternura. No había día que no arrancara los malos entendidos, los rencores y llenara los huecos con las semillas del perdón y de la compasión.
Su hermano sin embargo, dejó las tierras al barbecho, y se llenaron de cardos, malezas y cizañas, las víboras anidaron en sus tierras, y el suelo se endureció hasta hacerse como la piedra.
Llegó la primavera, y los trigales se llenaron de pajarillos y amapolas, los ruiseñores cantaban a su vera y los granos maduraban día a día.
Las tierras baldías se convirtieron en pedregales donde solo las alimañas hacían sus nidos y tan solo los abrojos, odios y envidias crecían a sus anchas.
Una mañana, en la que Joshue, estaba cuidando con cariño sus tierras doradas por el sol, fue sorprendido por su hermano , que ciego de envidia, le golpeó la cabeza hasta matarle, después, prendió fuego los sembrados, y arrasó los campos, y con ellos los nidos de los pajarillos que allí moraban. De repente, una nube de aves oscureció el cielo y ciegas de cólera, atacaron a Isacar, arrancándole a picotazos la carne hasta dejarle tan solo el puro hueso.
Pasaron los años, y las tierras de Isacar, se convirtieron en cenagales infectos, mientras que los sembrados de Josuhel, reverdecían de año en año, y los pajarillos encontraban en ellas refugio y sustento.
Nuestras obras perdurarán mas allá de nosotros, tanto el bien como el mal que hayamos sembrado, quedará en el recuerdo de las generaciones venideras y sus frutos serán el legado de nuestro paso por la vida.
El amor es la mejor de las medicinas, amala con toda tu alma, y házselo saber a menudo.
Un beso y un abrazo, son el mejor de los masajes, abrázala con delicadeza y ternura.
El calor de una manta térmica puede aliviar el dolor, pero nunca sustituirá tú calor
Cuando hay amor no existe el sacrificio, esa palabra debe desaparecer de nuestro vocabulario.
La lealtad consiste en estar donde se te necesita y cuando se te necesita.
Una sola carne y una sola sangre significa su dolor es tu dolor, alivia el suyo, y aliviaras el tuyo.
El camino será duro, pero recorreréis parajes de increíble belleza.
Toma su mano para acompañarla, no para arrastrarla.
Si a veces te muerde cuando le das de comer, acariciaré los cabellos y obséquiale una sonrisa.
No tengas en cuenta sus arranques de furia, no escuches sus reproches, es su manera de liberar su frustración y su rabia.
Una mirada dulce y una caricia, será el mejor calmante contra su ira.
Y por último, defiéndela contra todo y contra todos, contra la incomprensión de propios y extraños, contrala desesperación, contra la resignación, no la presiones, ayúdale a caminar, pero deja que camine sola, y sobre todo entiende que estás a su lado por amor, no por lástima, vuestra vida será más intensa y más plena.
He leído en determinados foros a mujeres desesperándose ante la imposibilidad de tener una relaciones sexuales satisfactorias a sufriendo esta enfermedad. El agotamiento, los dolores, pa perdida de movilidad y sobre todo la incomprensión de la pareja, han hecho que la lívido desaparezca con el consiguiente riesgo de rotura de la pareja.
Nada más lejos de la verdad, es cierto que podemos despedirnos de practicar alguna de las posturas del Kamasutra , pero nuestra actividad sexual puedes seguir siendo altamente satisfactoria, no debemos olvidar que el orgasmo es un revulsivo hormonal y muscular, capaz de deshacer nudos musculares, tensiones y sobre todo de relajar el sistema nervioso y emocional de una manera más efectiva que cualquier medicación.
Lo primero que debemos considerar, es que el tiempo de preparación de la mujer será más largo, en estas condiciones, el cariño, las palabras tiernas y los mimos, son imprescindibles para encender las primeras llamas del deseo, el reloj debe pararse y pensar que vamos a tener unas horas de exquisita intimidad para gozar de caricias sin fin y saborear de un amor cocinado a fuego lento.
La mujer debe buscar la posición en la que se encuentre más cómoda, procurar que la habitación esté caldeada y entregarse en cuerpo y alma al placer. El hombre por su parte deberá actuar con un tacto exquisito, dedicar especial atención a los besos y a las caricias, mimar con delicadeza los senos, el vientre y los muslos de su pareja hasta provocar las primeras reacciones lúbricas, poco a poco notaremos, como la temperatura de la piel sube, los pezones se encrespan, y la dermis adquiere una coloración rojiza.
Es el momento de excitar la corola, primero con los dedos ligeramente humedecidos, luego con la lengua y los labios, hasta conseguir llevarla a un alto nivel de excitación.
Mientras sigues acariciando su punto dulce, beso con delicadez los pezones, estando al tanto del ritmo de su respiración y de sus jadeos, deja que acaricia tu báculo, pero resérvate para el momento culminante. Cuando sientas que está a punto de llegar al climax, tienes dos opciones, o sigues acariciándola hasta el estallido final, y tras unos minutos de caricias para que se relaje, la abrazas íntimamente hasta que ya no puedas contenerte, con lo cual puede que consiga otro orgasmo, o por el contrario, con mucho cuidado para no romper el climax, la abrazas y la llenas con tu amor, bombeando muy lentamente y con cuidado de no forzar su espalda, hasta que alcance el orgasmo, luego puedes verter tu regalo en su seno, y entregarle tu mensaje de amor en un lazo cósmico.
Sigue acariciándola y musitándole palabras dulces, abrázala y dale tu cariño, muéstrale que tu amor es superior a tu deseo, y que para ti, ella es lo más importante del mundo.
Esto no pretende ser un manual, solamente una guía sobre lo que creo debe ser una relación sexual satisfactoria y deseada y que le ayudará mucho más que ansiolíticos y antiinflamatorios, sin lugar a dudas, las endorfinas son la mejor terapia contra el dolor y la depresión.
No des jamás la batalla por perdida, puede que sea larga, pero el resultado depende de ti.
El humor y la alegría son los mejores antídotos contra el dolor, no pierdas jamás la sonrisa.
Cuando estés en los momentos más oscuros, recuerda los días radiantes, y no dudes que el sol volverá a lucir.
Apóyate en las persona que te quieren, pero no les agobies con el peso de tu enfermedad.
La enfermedad es tuya, no culpes a nada ni a nadie, y sobre todo no transmitas tu veneno a quien te acompaña, digiérelo y expúlsalo lejos de ti.
La fibromialgia será tu compañera inseparable el resto de tu vida aprende a convivir con ella y quizás acabéis respetándoos mutuamente.
La rabia se vuelve contra ti misma, y sus mordiscos son feroces y dañinos, aléjala de ti y no la vuelvas nunca contra los que te quieren.
No dejes que el dolor se transforme en sufrimiento, el dolor es solamente físico, pero el sufrimiento es el daño del alma.
Perdona a los que no te entienden, a los que apartan de su lado, a los que molestas, porque el perdón es la mejor de las terapias.
Explica tus sentimientos y tus vivencias a quien quiera compartirlas contigo, mas piensa que no todo el mundo está preparado ni dispuesto a compartir tu dolor.
No te compadezcas, todos somos enfermos, unos del cuerpo, otros del espíritu, y el que se cree totalmente sano, es el que está peor de todos.
Y por último, no te sientas culpable de nada, no maltrates tu salud por convencionalismos sociales, eres víctima y no verdugo, llega hasta donde alcances, pero no te destroces contra las rocas de la incomprensión, porque estas tan solo devolverán tu cadáver.
Debo reconocer que Rosa Diez me caía bien, me parecía una persona coherente y de ideas claras, aunque discrepara con ella en muchas cosas, pero últimamente se ha quitado la careta.
Durante la huelga de hambre de Aminatu, la acompañó durante largos periodos, dándole su apoyo y soporte, viajó al Sahara, y se entrevistó con sus hijos, afirmando con toda razón que si Amanitu moria, seria una vergënza para España y para el mundo.
Juan Vilas que lleva semanas en huelga de hambre luchando por unos derechos que son los suyos y los nuestros, reivindicando con su salud y su vida la atención sanitaria y legal que se nos niega, pero Juan, no existe para La Señora Rosa.
No es rentable acercarse al portal donde se consume Juan, a interesarse por su salud y por sus reivindicaciones, los medios de comunicación estaban mucho mas pendientes de la líder Saharhui que de un pobre hombre desesperado, condenado a la miseria por obra y gracia de unos políticos sin escrúpulos y sin corazón, y Doña Rosa no quiere ensuciarse la manos ni el curriculum con un albañil enfermo y contestatario. Y yo me pregunto ¿Dimitirá alguien si Vilas muere?, ¿será una vergüenza para España y para el mundo?, quizas los políticos se guardan la vergüenza para exhibirla como la sonrisa profiden a la caza de aplausos.
Como él mismo se lamantaba hace unos dias "Si fuera un etarra, me harian más caso".
Esta es la clase política que tenemos, pendiente de la foto y de los votos, de mantener la poltrona, o de conseguirla a costa de lo que sea, pero incapaces de extender la mano a quien realmente lo necesita. ¡Qué bien los retrató Aute en su canción “La belleza”
Hasta hace unos años, vivíamos en una sociedad centrípeta. La familia era el núcleo alrededor del cual giraban todos su miembros, la conciencia tribal estaba muy arraigada en nuestra cultura, y se manifestaba en esa permanecía inquebrantable a un conjunto, familiar, laboral o social. Los amigos, el trabajo, el pueblo, permanecían inmutables a lo largo de nuestras vidas, siendo a la vez una protección y una cárcel. Como en un átomo, o en un sistema planetario, cuando los satélites adquieren energía, se van distanciando del núcleo, hasta que al final acaban fuera de la órbita. Estos, a su vez, se convertían en nuevos núcleos que generaban sistemas autóctonos, pero siempre vinculados a una galaxia común que los englobaba a todos.
El cambio social que supuso la emigración del ámbito rural a los centros urbanos, la integración de la mujer al mundo laboral y las nuevas corrientes ideológicas, provocaron un “Big Bang” en la sociedad que continúa en plena diáspora. Los abuelos ya no son patriarcas, cuando dejan de ser productivos, se transforman en estorbos, los compañeros de trabajo ya nos son amigos, son rivales, y la familia, fragmentada y dispersa, se convierte en un foco de conflictos y tensiones. La sociedad centrifuga, nos separa cada vez más, nos hace más independientes, pero a la vez más frágiles, conforme nos alejamos de nuestros orígenes, más solos estamos, y somos presa fácil de la soledad, la angustia y la depresión, las fuerzas gravitatorias de la religión y las costumbres, no han sido sustituidas por nuevos lazos basados en la ética y el respeto, por eso vagamos desperdigados en un vacio cada vez más irrespirable.
Somos animales sociales, pero sobre todo, necesitamos afecto, comprensión y autoestima que tan solo una familia nos puede proporcionar, puede que tengamos que reinventar una nueva célula de convivencia, pero lo que está claro es que por este camino, acabaremos diluidos y dispersos en el inmenso universo de nuestro vacío.
A lo largo de nuestra vida, vamos tejiendo un tul de recuerdos, un halo en el que se proyectan vivencias, momentos culminantes que nos quedan grabados de manera indeleble por su trascendencia o por el impacto vital que nos provocan, pero hay otros pequeños instantes que permanecen en nuestra memoria de manera perenne sin saber exactamente el motivo.
Guardamos recuerdos de nuestra más tierna infancia, flashes en blanco y negro que se conservan como fotografías en el álbum de la vida sin saber porque estos y no otros fueron los elegidos. Todos hemos pasado por algún momento crucial en el que nos afirmamos que estamos soñando, que esto no puede sucedernos a nosotros, momentos en que nuestra consciencia se niega a asimilar y se defiende intentado guardarlos en archivo de las quimeras.
Otras veces, queremos grabar un instante para la posteridad, pero a los pocos días, se desvanece como un dibujo sobre la arena de la vida. ¿Cómo funciona el mecanismo de selección en nuestro cerebro? nadie lo sabe, pero se supone que un sistema de autodefensa se encarga de seleccionar los recuerdos que deben perdurar y los que deben ser eliminados de nuestro archivo vital, siempre en función de nuestro carácter y de las circunstancias en que nos acontecen.
Es muy importante memorizar instantes irrepetibles, paisajes idílicos donde refugiarnos en los tiempos difíciles. Palacios de la memoria en los que acogernos cuando la realidad se hace demasiado dura y necesitamos respirar el aire fresco de aquellos momentos mágicos en que por un capricho, la vida se nos brindó en cueros.
Conforme vamos avanzando por el camino, al volver la vista atrás, la película de la vida se nos muestra en todo su metraje. Saber hacer el montaje correcto es fundamental para que el resultado merezca ser conservado por encima del tiempo y que su visión nos reconforte para llegar a la meta con la mirada limpia y el corazón despejado.
En mi rebelde juventud creía tener la respuesta a todos los enigmas, la ciencia era capaz de explicarlo todo y por eso buscaba misterios inexistentes, buceaba en El triangulo de Las Bermudas o imaginaba los orígenes extraterrestres del Matchu pichu para escapar de una realidad tan monótona y anodina. Todo fenómeno era explicable científicamente, y el que no, lo seria en las próximas décadas, dios era una palabra de cuatro letras y el futuro era sinónimo de ciencia ficción, la verdad era mi verdad y no había otra.
Pasaron los años y aprendí el arte la duda. Conocí el amor con mayúsculas, participé en el misterio de la maternidad, y comprendí que la física y la química no le explican todo, que el destino es como un camino trazado, pero que podemos abrir nuevas sendas para bien o para mal. La muerte empezó a ser una dama conocida, odiada al principio, pero que me enseñó el otro lado de la luna y poco a poco se hizo una compañera inseparable. Me hizo entender que es la vida, y no ella, quien nos arrebata para siempre a los seres queridos, y que jamás seremos capaces de entender lo que verdaderamente es importante, el tiempo, el amor o la propia existencia.
Aprendí que el sol puede cegar y la luna iluminar el cielo, recuperé el don de la maravilla que tenia de niño, y volví a enmudecer ante un cielo estrellado, ante un árbol centenario o ante los ojos inmensos de un recién nacido. Entendí que tan solo era un grano en las infinitas playas del cosmos, pero que a la vez esa era mi grandeza, que yo formaba parte de dios y que dios era mi propia esencia.
Dejé se buscar explicaciones y me centré en sentir, aceptar, y gozar todo aquello que la vida me daba, el placer, el dolor, el amor y la misma existencia, adquirí la flexibilidad del junco sin perder la templanza del roble y asumí que la ternura, el cariño, la compasión y la comprensión son los auténticos motores que mueven al mundo, que todo lo demás lo único que hace es ponerle obstáculos e impedir nuestro camino a la perfección.
La vida empieza a despertar de nuevo tras el solsticio de invierno, y el ciclo vital comienza a vislumbrarse entre las nieves. Hoy sé que lo poco que he aprendido en los libros no es lo importante, que la zarpa de mi inteligencia, apenas ha sido capaz de arañar la corteza de la sabiduría y que lo que en verdad trasciende es lo que me arde en el pecho y acelera mi corazón. Hoy he sentido que la corriente de la vida me llevará a buen puerto siempre y cuando no pretenda luchar contra ella, ni intentar ir más deprisa, la madre mar me espera con los brazos abiertos a final de mi cauce.
En estas fiestas se habla mucho de compartir, compartimos regalos, felicitaciones, buenos deseos pero hay algo que se nos resiste, algo que nos cuesta compartir incluso más que el dinero. Las ideas.
Si partimos del axioma de que nadie posee la verdad absoluta, cualquier intercambio de opiniones debe ser positivo. Hasta el que creemos ignorante tiene mucho que enseñarnos, cerrarnos a la opinión ajena es un error que acabamos pagando caro.
A veces, nuestra soberbia nos impide reconocer los propios errores. La mayoría de la veces, nuestros diálogos son puros monólogos, porque en vez de escuchar a nuestro interlocutor, empleamos ese tiempo en preparar la respuesta, como si de una batalla se tratara. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de mantener una conversación civilizada con un contertulio de opciones políticas o religiosas opuestas?, ¿Cuántos somos los suficientemente objetivos para reconocer los aciertos de los rivales y los fallos de nuestros simpatizantes?.
Me gusta conversar con personas de creencias e ideologías distintas a las mías, dialogar con personas afines acaba siendo aburrido, una especie de incesto ideológico que no aporta nada interesante.
La polémica es sana siempre que se guarde el respeto y la atención a las ideas del oponente, ¡Cuantas rupturas, cuantas guerras se hubieran evitado si la negociación hubiera estado en manos de políticos de mentalidad abierta capaces de aceptar y aprender de las verdades del contrario!. Es realmente preocupante escuchar a personas de alto nivel cultural y vastísimos conocimientos, descalificar e insultar sistemáticamente a todos aquellos que no comulguen con sus ruedas de molino
Por desgracia, la crispación y la frustración creciente hace cada día más difícil el dialogo, no hay nada más que escuchar a los contertulios radiofónicos o televisivos, que parecen asistir a un mitin como protagonistas estelares, o leer esos foros que criminalizan al rival, tachándoles de nazis y asesinos, cuando esa misma postura está muy cerca del fascismo puro y duro.
Cuando me obceco en una discusión, siempre recuerdo la frase de Voltaire. “No estoy de acuerdo con sus ideas, pero moriría por defender su derecho a expresarlas”.
Como nos recuerda Galeano en su célebre relato, todos los males de la humanidad desde el Génesis, tienen su origen en que dios, no se supo expresar, y el hombre, no supo entender.
Soy una persona optimista y bien pensada, ingenua según algunos, pero siempre he preferido ser víctima antes que verdugo. Te conocí hace unos años, y enseguida confié en ti, te cedí mi hombro, escuche tus penas, enjugué tus lágrimas. A pesar de que otros amigos me habían advertido, no quise creerles, no podía dar crédito a lo que de ti decían, y prefería ignorarlos, no podía creer que tras esas confidencias pudiera estar escondida la traición y la inquina. Incluso cuando me dabas algún disgusto, prefería pensar que era un mal entendido, que no querías hacerlo, que quizás era culpa mía, pero tarde o temprano la evidencia nos arranca la venda de los ojos. Hoy sé que me has utilizado, que me has mentido, que has jugado conmigo de la manera más ruin, y lo que es peor, que todo lo que me habían contado sobre ti y no quería creerme, era cierto. He tenido que ver pruebas fehacientes, he tenido que meter el dedo en la llaga para convencerme de que he sido un muñeco en tus manos, como antes lo fueron otros. Pero ¿sabes que te digo? que no me duele por mí mismo, debes estar muy mal para hacer el mal que estás haciendo, para romper la capa de cristal de bohemia que te he brindado en lugar de brindar con ella. No te guardo rencor, porque tu estas mucho peor, yo tengo amigos y tengo amor que me ayudarán a pasar el mal trago, pero tú cada vez estás más solo y más hundido. Espero que un día te des cuenta del mal que has hecho y del mal que te has hecho. Siento en el alma no poder quedarme en ese bote que has agujereado con tus mentiras y con tus intrigas, pero ya no puedo hacer nada por ti, apenas rezar para que encuentres algo o alguien que te rescate del naufragio.
Durante siglos, la mujer estuvo condenada a cocina perpetua. Su papel social quedaba relegado a ser hija, esposa y madre, siempre en función de un hombre a quien servir y de quien depender. Tras la revolución industrial, la demanda de mano de obra barata se disparó. Como los sueldos eran de miseria, las mujeres y los niños fueron reclutados en las grandes factorías donde trabajaban jornada inacabable, pero el fenómeno quedaba relegado a las clases proletarias.
A finales de los sesenta, las nuevas tecnologías empezaron a precisar personal especializado y con un alto nivel de preparación y responsabilidad, la mujer de clase media era la candidata ideal, pero ¿Cómo arrancar del hogar a esas jóvenes que no necesitaban trabajar para llevar una vida medianamente confortable?. El equipo de marketing se puso en marcha y crearon la consigna mágica “La liberación de la mujer”.
Los medios de comunicación empezaron a vendernos la idea de que trabajar fuera de casa era la panacea que permitiría a la mujer conseguir una independencia económica que la liberaría de la tiranía del hombre, la trampa estaba bien urdida, porque era eso, una trampa. La mujer empezó a integrarse en el mundo laboral, pero no en igualdad de condiciones, los sueldos eran más bajos y las exigencias más altas, le hembra seguía sometida al macho ahora también fuera de la guarida. Ahora las mujeres cargaban con doble trabajo, al hombre le venía de perlas el sueldo que aportaba, pero se negaba a implicarse en las tareas domésticas, la administración del hogar y el cuidado de los hijos seguía siendo su responsabilidad, ahora eran explotadas dentro y fuera de casa.
Muchas de esas mujeres que ahora están rondando la cincuentena, están pagando el estrés de años de tensiones, sentimientos de culpa y agotamiento que somatizan en nuevas enfermedades ignoradas cuando no ridiculizadas por los estamentos médicos y sociales, la superwoman una vez exprimida, ya no es más que un estorbo que hay que arrojar del paraíso capitalista. Las jóvenes actuales, ya no pueden elegir, encadenadas a una hipoteca perpetua y a un ritmo de vida infernal han pedido su capacidad de maniobra, es la nueva esclavitud, las cadenas ya no son de hierro, pero son aún más pesadas, la “liberación de la mujer” nos ha supuesto nuevos grilletes.
La libertad consiste en la capacidad de elección sin presiones ni chantajes y la mujer nunca ha tenido esa libertad. Dominada primero por el padre, luego por el marido y ahora por el trabajo y los hijos tiranos, sigue siendo “la negra del mundo”. La trampa se ha cerrado y nos hemos quedado dentro.