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jueves, 10 de marzo de 2011

LA GENERACIÓN DEL 68 (capítulo I)



Todos aquellos que bordeamos los 60, pertenecemos a una generación a la que le tocó romper los corsés que amordazaban nuestra libertad desde tiempos inmemoriales.
 Durante siglos, y especialmente en España, La Iglesia Católica ejerció un poder omnímodo sobre la sociedad, incluso los que habían luchado contra ella aceptaban de mejor o peor grado sus costumbre y consignas. El sexo era tan solo el medio de reproducirse, el matrimonio canónico era la única forma de convivencia en pareja, la mujer era motivo de pecado y como tal debía ir recatada mostrando su epidermis lo menos posible. 
Los horarios eran rígidos, las 10 de la noche era la hora bruja, la mujer que no estaba en su casa recibía las iras y el castigo de sus padres aunque con los hijos eran mucho más permisivos. La autoridad paterna era incuestionable, una simple mirada bastaba para poner a cada uno en su lugar y las órdenes se cumplían a rajatabla.
Las normas eran inapelables, la apariencia y el "qué dirán" marcaban la vida diaria en una sociedad dominada por el miedo y la hipocresía. 
En España, la dictadura hacía imposible cualquier tipo se movimiento intelectual o social que no comulgara ruedas de molino, la policía podía dispersar un grupo de más de cinco personas sin dar explicaciones, y una vez conseguido el permiso para una reunión, un agente o censor velaba porque se respetara la ilegalidad vigente.
La vida laboral era un reflejo de la vida social, el empresario tenía todos los derechos y los trabajadores, las obligaciones, el "sindicato vertical" velaba para atajar cualquier conato de huelga o sedición por parte de un proletariado vencido y desarmado. Pero en un momento indeterminado, al principio de los 60, algo removió las entrañas del sistema.
Un grupo de melenudos berreando obscenidades en inglés empezó a sonar por las emisoras de radio y un ritmo casquivano hasta entonces escondido en los antros, el Rock&roll se apoderó de las salas de baile desplazando al pasodoble o al bolero. Los pastores de la iglesia intuyeron el peligro, y las parroquias se cubrieron de pasquines tildando a Los Beatles como el nuevo anticristo.
Los adolescentes, endemoniados por esos ritmos satánicos, se dejaban melenas, vestían pantalones acampanados, chaquetas de cuero con clavos y botas negras y puntiagudas, y lo que era peor,  osaban  cuestionar las órdenes de sus padres. La chicas empezaron a calzar pantalones y unas faldas por encima de las rodillas que además marcaban sus curvas de una manera pecadora y lasciva. Las parejas se besaban por la calle e incluso los más pervertidos, vivian juntos sin pasar por la vicaria.
La revolución había empezado, pero esto era solo el principio.




LA GENERACIÓN DEL 68 (capítulo II)

Había nacido la ola YEYE,  jóvenes rebeldes que disfrutaban rompiendo los tabúes de sus padres, creando una nueva música y una nueva forma de ver el sexo, pero todavía no existía un compromiso político o social.  Con el Opus en el poder, España entró en el desarrollismo, la autarquía quedó atrás y el consumismo empezó a enseñar las orejas.
Los jóvenes eran un mercado a explotar y se montaron las primeras discotecas, las discográficas buscaban nuevos talentos, y el mercado del disco empezaba a ser apetecible, uno de los sueños de cualquier chaval era tocar en un grupo. Durante estos años se formaron miles de "conjuntos" que se creaban y desaparecían en cuestión de meses, pero que insuflaban un aire nuevo a una sociedad casposa y enquistada.
La mujer comienza a incorporarse al mercado de trabajo, no ya como cocinera o dependienta, si no aportando titulaciones y preparación como para optar a puestos de responsabilidad y los movimientos feministas empiezan a tomar cuerpo en todo el mundo.
Con los Beatles ya digeridos por el sistema, había que crear un nuevo paradigma contestatario, y aparece el grupo más longevo de la historia Los Rolling Stones.
Si los Beatles eran rebeldes, los Rolling eran rompedores. Camisas de flores, melenas aparentemente desgreñadas y movimientos "obscenos" en el escenario. Una música mezcla de rock y blues que arrasaba en el escenario, la juventud se dividió en dos bandos, los fans de los Beatles y los de los Stones, aunque a la mayoría nos gustaba los dos.
La venta a plazos se extendió a todos los niveles y la entrada masiva de turismo, nos enseñó que había otro mundo y otras costumbres más allá de los Pirineos. Con una censura férrea y cerril, los viajes a Perpignan se convirtieron en un rito para los amantes del cine de Bergman, Fellini o .Bertolucci, las nuevas ideologías empezaban a revitalizar a la juventud. El partido comunista y el sindicato CCOO en la clandestinidad, emprendian su lucha titánica contra el sistema. Lo que empezó como una moda estaba mutando en una revolución, pero lo peor estaba por llegar.