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lunes, 20 de septiembre de 2010

CONVIVENCIA Y RACISMO

No es una cuestión de razas, de etnias ni de culturas, es una simple razón de convivencia.
Cuando un individuo o grupo, no adopta las normas de la sociedad en la que dice integrarse, cuando vive de la rapiña o la mendicidad profesional, cuando no aceptan las leyes del país de acogida  y pretenden formar un estado dentro de otro estado.
Cuando condenan a sus hijos al analfabetismo y a la marginación al negarles el derecho a la enseñanza, cuando forman núcleos humanos enquistados en las ciudades en donde la miseria la suciedad y la delincuencia campan por sus fueros, causando graves problemas de convivencia, produciendo alborotos, enfrentamientos y hasta ataques a las fuerzas del orden, esos grupos o individuos, sea cual sea su naturaleza, deben ser devueltos a sus países de origen.
Francia siempre ha sido un pueblo de acogida y donde millones de personas perseguidas por sus ideas han encontrado asilo, pero precisamente, para mantener este espíritu, hemos de extirpar grupos que actúan como tumores dentro del tejido social, desgarrándolo y generando toxinas que envenenan las células sanas y reproduciéndose a gran velocidad.
No estamos juzgando a razas, religiones o etnias, estamos defendiendo un sistema social que ha costado siglos levantar, de un cáncer que puede producir una metástasis de incalculables consecuencias.
Bienvenido sea todo aquel, que llega con la ilusión de participar en nuestra sociedad, como uno más, asumiendo deberes y derechos, pero todos aquellos que pretenden vivir con sus propias leyes y costumbres  desafiando las del país de acogida  deben ser expulsados y retornados a la jurisdicción de sus autoridades competentes para que estas asuman su responsabilidad como gobernantes.
No se trata de expulsar a un pueblo, a una etnia o a una cultura, si no a los grupos o individuos que no quieren integrarse en la sociedad, confundir esto con racismo o xenofobia, es pura irresponsabilidad y demagogia
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JUANMAROMO

viernes, 16 de abril de 2010

¿RACISMO, CLASISMO O COSTUMBRISMO?


Cada vez que estalla una crisis, los viejos fantasmas salen de sus guaridas. Si durante las épocas de bonanza muchos admiten a los emigrantes porque pueden exprimirlos sin apenas riesgos, porque hacen el trabajo que nosotros despreciamos, cuando llegan las vacas flacas, son los primeros en echarles la culpa de todos los males, algunos responsables de la seguridad social, tienen el cinismo de culpar a la emigración de las listas de espera y del caos gigantesco en que esta ¿institución? está sumida. ¿Es que han llegado todos de golpe?, ¿Es que nadie ha pensado en que el presupuesto “per cápita” disminuye, si no aumenta el presupuesto global? .
Todas las culturas sin excepción tendemos a segregar a los “elementos extraños”, fagocitamos a todo aquel que se introduce en nuestro tejido social, o se integra o es absorbido y eliminado, así lo hicieron los Judios con los gentiles, los romanos con los bárbaros, los gitanos con los payos y los musulmanes con los infieles. El problema surge cuando el número de células se reproduce tan rápidamente que no da tiempo a ser reabsorbido, o cuando son elementos resistentes a la integración entonces se generan tumores que acaban enquistándose y produciendo alteraciones en el organismo social.
Nadie llama moro a un jeque árabe, ni negrata de mierda a Mr Obama. Lo que llamamos genéricamente racismo, es en realidad una forma de clasismo, cuando vemos a un “sin techo” durmiendo en un cajero o a un drogadicto tirado en un portal, no nos importa demasiado si es propio o si es extraño, es un marginado que nos reprocha con su propia existencia.
Algunas culturas se auto marginan, así muchos judíos, gitanos o musulmanes, no consienten que sus mujeres se casen con hombres de otra etnia, aunque si permiten que los hombres contraigan matrimonio con mujeres del mundo exterior. Teóricamente es una manera de proteger la raza, pero en realidad lo que están perpetuando es una forma de vida, unas costumbres ancestrales que se resisten a ser absorbidas por la sociedad dominante.
Nadie pone reparos a los gitanos, musulmanes o rumanos que se integran y respetan las costumbres y las normas de la sociedad aunque mantengan sus tradiciones en su vida privada. En una sociedad laica y democrática, todos tenemos el derecho a unas creencias, y la obligación de respetar las de los demás ciudadanos, pero sobre todo a cumplir unas leyes que están por encima de costumbres y culturas. Mientras no tengamos esto bien claro todos y cada uno de nosotros, la convivencia diaria traerá problemas cada vez más graves. Lo que está claro es que tarde o temprano, todo elemento extraño que se introduce en un conjunto o bien acaba integrado o es segregado al exterior y eso sucede a nivel celular y a nivel mundial. Es una ley tan universal como la ley de la gravedad.
JUANMAROMO