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viernes, 24 de febrero de 2012

EN ESTADO DE COMA.

Llevo trabajando desde los 16 años, he pasado crisis, recesiones y periodos críticos, pero jamás una situación tan dantesca como esta.  Nuestro sistema social cada vez se parece más a una cisterna podrida en la que la poca agua que entra se despilfarra por cientos de agujeros, algunos de ellos, en su misma base.
La primera crisis con la que tuve que enfrentarme fue la del 74, la crisis del petróleo disparó el paro al 24% y la inflación al 20, lo que unido a la transición política engendró una nube altamente inflamable que la extrema derecha estuvo a punto de hacer explotar. Más adelante sufrimos los típicos altibajos del ciclo económico capitalista, periodos de euforia y depresión se iban alternando cada cuatro años, pero todo se mantenía dentro de unas pautas controlables.
Con la entrada en el euro se produjo una reacción en cadena. Los miles de millones de pesetas en dinero negro, se blanquearon rápidamente en el mercado inmobiliario, más de la mitad del importe de las compras se pagaba en metálico mientras hacienda miraba hacia otro lado y seguía puteando a las pequeñas empresas, la entrada de las mafias rusas en Marbella hicieron el resto.
Con unos intereses negativos, todo el mundo se embarcó en inversiones no productivas a largo plazo, pisos, segundas y terceras residencias, España iba bien, el estado y los ayuntamientos llenaban sus arcas y nadie quería ver la realidad. Las cajas concedían hipotecas basura, prestaban dinero que a su vez pedían prestado al BCE, con la diferencia de que las hipotecas eran a 30 años y los préstamos a cinco o diez como máximo, en realidad no prestaban su dinero, sino que estaban formando una ola que pronto se convirtió en tsunami.
El precio de los inmuebles se multiplico por diez en pocos años y todo el mundo se sentía millonario, coches de gran cilindrada, cruceros, hoteles de gran lujo, todo abalado por su hipoteca rehipotecada varias veces, la lechera tomaba carrerilla.
Cuando empezaron los primeros impagos, se recurrió a la subrogación, pero pronto la avalancha se hizo imparable, los bancos centrales reclamaban sus amortizaciones, pero las cajas de ahorro y algunos bancos no tenían ni para pagar los intereses, eso si, sus juntas directivas cobraban sueldos millonarios en función de los beneficios facticios que acumulaban en sus balances.
Cuando los pisos se pusieron a un nivel tan alto que nadie pudo comprarlos, cuando las arcas de las entidades entraron en coma sonaron todas las alarma, pero el incendio ya era imparable.
En la actualidad, la deuda española es cinco veces superior al PIB, lo que significa que nos hemos gastado cinco años por adelantado de nuestro trabajo y ahora hay que devolverlo.
Los que se enriquecieron ya tienen sus dinero a buen recaudo, los que hicieron sus inversiones con buen tino, irán sobrellevando la crisis y los que metieron la cabeza en la boca del lobo están ahora con el culo al aire, pero lo que realmente pagaremos la orgia seremos los que gestionamos bien nuestro patrimonio, las pequeñas empresas, los autónomos, los trabajadores y los funcionarios que sin haberse aprovechado de la burbuja ahora se ven arruinados, despedidos y congelados. Nosotros somos a los únicos a los que se puede ordeñar, y lo están haciendo a conciencia, impuestos en progresión y derechos en regresión, los sueldos en la uci y los derechos en coma.
Si el equipo médico anterior no tenía ni idea de  cómo actuar, el actual lo tiene claro, hay que sangrar al paciente mientras respire, y cuando entre en coma, darle un poco de oxigeno para que no se nos quede en el quirófano, pero me da la impresión de que el enfermo de les va ir de las manos mucho antes de lo que ellos se piensan y me temo que es el último en la lista de espera.
 JUANMAROMO

martes, 22 de febrero de 2011

ASESINOS DE GUANTE BLANCO

La talla de los hombres se mide en los extremos, cuando están hundidos y cuando están en la cumbre. Personas que dominan la situación en la cresta de la ola, se hunden cuando esta rompe contra las rocas, mientras otros que pasan inadvertidos durante las épocas de euforia, asumen el liderazgo durante las crisis y son capaces de controlar y dirigir situaciones dramáticas que de otro modo acabarían en tragedias.
Pero hay un tercer prototipo, y son los pescadores en aguas revueltas. Durante la burbuja expansiva, especulan, crecen, y adquieren carisma, el ciudadano de a pie los observa con admiración, crean empresas, levantan ciudades, y crean puestos de trabajo. Estos caballeros, no reinvierten sus beneficios, los trasvasan a paraísos fiscales defraudando al fisco y descapitalizando las empresas. Mientras la onda expansiva se mantiene, suscriben préstamos, emiten obligaciones y captan dinero de los incautos que ven en ellos lo que desearían se y no son, salen en los medios de comunicación y políticos y banqueros comen de sus manos, levantan imperios, pero esos imperios son de cartón piedra.
Cuando la burbuja revienta, aprovechando su carisma, siguen captando ingentes cantidades de dinero a cambio de intereses desmesurados, cuando la banca ofrece un 3% ellos echan el resto y ofrecen un 10, como en timo del tocomocho, tanta culpa tiene el estafador como el estafado, con este dinero acallan a los bancos y ganan un tiempo precioso para ir preparando la hecatombe, una vez descapitalizadas las empresas y agotado el grifo crediticio, es el momento de bajar el telón.
Cuando los incautos se percatan, resulta que el valor patrimonial de las empresas es ínfimo comparado con la deuda y como los beneficios reales están a buen recaudo, los acreedores se quedan con el culo al aire, mientras ellos pueden prometer y prometen que pagarán a todo el mundo o se pegaran un tiro si su dios se lo permite.
Mientras miles de pequeños empresarios han apostado todo su patrimonio por mantener a flote sus empresas, mientras autónomos y trabajadores ven peligrar sus puestos de trabajo o sencillamente caen en el abismo del paro, estos carroñeros salen adelante comprando voluntades y corrompiendo a quien se interpone en su camino.
Si de verdad hubiera justicia, a estos trileros de vidas se les debería condenar a trabajos forzados mientras no devolvieran hasta el último euro sustraído, pero en el mejor de los casos, pasarán un temporada en un penal con suites especiales para VIPS y después, cuando el escándalo se ha olvidado, saldrán por la puerta trasera y se irán a la Islas Caimán a gozar de su botín de guerra, incluso puede que editen un libro y se venda como pan caliente.
La talla de los hombres se mide en los extremos, pero a estos asesinos de guante blanco habría que exterminarlos porque son lo peor de la especie, suponiendo que pertenezcan a ella.
JUANMAROMO