lunes, 9 de febrero de 2009

EL ENCUENTRO



Esta vez fue ella quien pasó a recogerlo. La espera había sido eterna, durante unos días se había mostrado inseguro ¿sabría estar a la altura?. El era un hombre de una sola mujer, desde que la conoció, solo había amado a su esposa, y los escarceos de antaño se habían borrado de la memoria, quizás todo lo que había aprendido no le sirviera para nada con una mujer sensual y experimentada. Cuando el lujoso automóvil se detuvo y abrió la puerta, supo que la suerte estaba echada, esta vez no mediaron palabras, un beso inmenso estalló entre sus labios y una mirada de fuego fue más que suficiente.
El coche se detuvo a la entrada de un parking, ella introdujo una tarjeta, y la puerta se abrió de inmediato, un ascensor les condujo de inmediato a una suite aislada y discreta sin acceso desde el exterior. Durante el breve trayecto, sus labios no se despegaron el uno del otro mientras sus manos exploraban el cuerpo del amante. La estancia era acogedora, un lecho enorme, un sofá y una alfombra servían de contrapunto al  hogar en cuyo vientre crepitaban unos leños recién colocados, una botella de Dom Perignon en cubitera de plata junto a unos canapés de Beluga presidian una mesita de sequoia adornada con un magnífico ramo.
 Cuando sintió sus pechos clavarse en el suyo las manos buscaron el cierre del sujetador que voló como un pájaro recién liberado, sintió como algo estallaba en su interior pero no perdió la calma, siguió besando y acariciándola lentamente, como si el tiempo no existiera. Con extrema delicadeza, la liberó del suéter, y sus manos pudieron paladear unas frutas rotundas y maduras que pedían ser saboreadas sin prisas, pero él continuó acariciando la espalda y besándole el cuello con infinita dulzura, la tomó en sus brazos y de un vuelo la depositó sobre el altar de satén.  Allí tendría lugar la más hermosa ceremonia  que jamás gozaron los dioses, cada poro del cuerpo y cada cuanto del alma fueron santificados por el fuego del amor. Durante unas horas, los pájaros enmudecieron, los ángeles cerraron los ojos y dios se retorció de envidia en su trono solitario.
El viaje de regreso fue el despertar de un sueño, un sueño que jamás les abandonaría, porque aquel amor llevaba la impronta de la eternidad.

JUANMAROMO
 

2 comentarios:

suyai dijo...

Por un momento pensé que me habías leído el pensamiento. Fue una tarde de esas que adivinas lo que viene, pero te dices, a mí no me pasará.Me cogió él en su auto, yo trémula, enmudecida y con el alma temblando.Mujer casada, de un sólo hombre, que se encuentra con el pasado, amor de adolescente;primer amor.Sucumbí como una chicuela y me di sin pudor, sus manos desnudaron mi cuerpo y bebí como nunca el placer del amor, desde esa tarde, vivo sonriendo y una lágrima a veces me despierta de mi ensoñación.

ednoye dijo...

Hermoso. "El encuentro" realmente hermoso, me atrevo a decir que tanto por lo que expresa como por lo capaz de entrar en miles de mentes.
Me has echo sonreír no sé si de placer o del escalofrío que sentí, pero me has sacado una sonrisa.
Al igual que "suyai", con su relato, que aunque son poquitas lineas, son las suficientes para decirle que los felicito a ambos...simplemente por creer en el amor....