martes, 28 de septiembre de 2010

EL TUNEL DEL TIEMPO

A veces pienso que el tiempo es un acordeón, se estira y se encoje según la música que suena. Un tiempo lejano nos  parece ayer, y el ayer se nos antoja perdido en el horizonte. Hace unos días recuperé gracias a la red, a una antigua novia, una muchacha a la que amé hace la friolera de cuarenta años. “Veinte años no es nada”, cantaba Gardel, pero cuarenta son un poquito más y pese a todo, los recuerdos perduran en mi mente como si hubieran sucedido hace un soplo.
En la vida, no solo es importante rodar un buen film, sino también hacer un buen montaje, saber cortar las tomas erróneas, las secuencias fallidas, eliminar todo aquello que no deberíamos haber filmado, de esa manera cuando rebobinamos, podemos gozar de la película que puso haber sido y no fue. No es cuestión de auto engañarse ni de obviar los errores cometidos, pero ya que no podemos desandar el camino, quedémonos al menos con los buenos recuerdos, con las buenas personas, y arrojemos a la papelera del olvido todo aquello que un día nos hizo daño, todo aquello que se nos quedó en el tintero y que no supimos decir o vivir.
Hace unos días un pretérito imperfecto me estalló en la cara, unos tiempos de vino amargo y rosas con espinas se clavaron en mi pecho intentando abrir viejas heridas, mas preferí descorchar una botella de cava bien frío, y compartir con mi esposa unas rosas recién cortadas, dicen que todos los acontecimientos de nuestra vida están interrelacionados, y el dolor de aquel tiempo, me llevo, a buen seguro a conocer a la mujer que amo.
De pequeño me decían que Dios escribe derecho, con renglones torcidos, hoy más bien creo que a la larga acabamos cosechando el fruto de la simiente sembrada, pese a las tormentas, las sequía y la cizaña que nos envía la vida.

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